viernes, 7 de noviembre de 2014

3/21

Ayer no tenía ganas de escribir.
Fue un día bueno.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

2/21

Tengo poquitas ganas de escribir. 
Estoy leyendo. Tiene tanto que no leo, que nisiquiera me acuerdo cuándo o qué fue lo último que intenté leer. Y leo porque dijeron que ayudaría, ya que situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas.
No lo digo yo, lo dijo Martha Sánchez y así estoy yo: desesperada.
Me desespera no daber qué hacer, no saber qué decir o cómo actuar.
Como sólo son 21 días me quiero convencer que ya llevo la tercera parte de gane.
Creo que estoy enojada, creo que estoy triste y también creo que estoy aterrizada. Hoy, en el balance, fue un día bueno; aunque pensé mucho en ti. Mucho.
Hoy tampoco tuve claridad de los costos, de las cosas malas; pero sí tuve recuerdos muy claros de algo feo: la decadencia. 
La decandencia que empezó con la costumbre, con un exceso de seguridad que se convirtió en indiferencia, indifererencia que te llevó a buscar.
Hoy también te extraño.
No estoy segura de tenerte resentimiento, no creo odiarte, pienso que no estoy enojada contigo.
Me equivoqué. Yo soy la única responsable de cómo se dieron las cosas porque yo tengo el control de mí, de mis acciones, de mis palabras y de mi conportamiento. 
Me equivoqué. Pensé que estabámos seguros, que estábamos juntos, que éramos siempre, y ¿qué crees? Ni seguros, ni juntos, ni siempre.
Hoy también estoy pensando en ti.

Please forgive me, I never meant to hurt you.
The Golden Path. The chemical brothers / 2003

martes, 4 de noviembre de 2014

1

1/21

Tristeza.
Melancolía.
Nostalgia.
Culpa.
La maldita culpa que no me deja en paz.
A veces pienso que es mi culpa, otras que es la tuya. La mayoría la primera. Pienso de más y no me dejo sentir, porque duele. Duele como millones de piquetes en la boca del estómago, como que se hunde, como que se pega en la espalda.
Culpa que no me deja ver, porque me hace llorar, y las lágrimas nublan mi mirada. No puedo ver más allá, y tampoco puedo ver el pasado con claridad.
Y también me siento engañada, enojada.
Me da coraje saber que me mentiste, que mientes, que sigues mintiendo. Una parte de mí quiere creerte, pero otra sólo puede ver la realidad. Una realidad donde engañas, realidad donde no estás, donde soy la única que extraña, donde soy la que llora, la que sufre, la que piensa, la que intenta, la que se enoja.
Ayer me dijeron que para estar juntos se necesitan dos, pero para separarse con uno basta.
Y te tomas la decisión de irte, de quedarte lejos, de poner distancia.
Dijeron que 21 días iban a pasar, que eran suficientes y que sólo hay que tener, no el control, sino el manejo de los pensamientos, de las emociones.
Hoy no sé si tienen razón.
Porque yo sigo sintiendo un deseo exasperante por llamarte, ganas continuas de sólo llorar, de sentir que tu ausencia me ahoga.
¿Cómo le hacen? ¿Cómo le hace la gente que lo supera? ¿Cómo viven con eso?
¿Cómo es su día a día?
¿Cómo?
Hoy vi momentos de alguien más, donde estábamos, donde éramos, donde nos teníamos. Saber que ya no va a ser igual es hiriente hasta que arde, hasta que se hunde tanto que desaparece.
Ya ni siquiera me acuerdo cuándo fue la última vez que estuvimos felices. Me merezco ser feliz. Me lo merezco.
No quiero pensar que eres mi felicidad, quiero recuperarme, recuperarte, recuperarnos.
Quiero que pase el tiempo, quiero pensar que mis 21 días arrancaron hace varios.
A ver cómo me va.
Te extraño.
Comenzamos.